Dejame entrar guacho!

Comiendo un morcipan con amigos, reviviendo historias a través del recuerdo imborrable, permanente; sucedió lo siguiente. Mi compañero Boggio, al reír y no aflojar con el morcipan ni para tomar aire, comenzó obviamente a ahogarse escupiendo por doquier pedazos de pan y morcilla. Al ver el espectáculo desagradable, decidí comprar el vino que calme esa tormenta de morcilla, migas y salivas turbias.
Metí mi mano derecha en el bolsillo para sacar dinero y noté cuan gastados estaban los mismos. Era tiempo de cambiar mis viejos pantalones tipo campana por algo más moderno, más "cool" como diría la pibada de hoy. Entonces terminé mi morcipan, me subí a la vieja "Poderosa" y pedaleé hasta algún lugar del centro rosarino para conseguir esa prenda que me dé confianza para afrontar los desafíos diarios propios de todo ciudadano responsable ¿?.
Llegué puteando tacheros y tratándome de agarrar de algún bondi para hacer mi viaje más placentero. Até mi rodado a un poste de un negocio ambulante y caminé hacia la peatonal Córdoba.
Mis ojos se sintieron atraídos hacia una mega tienda en donde entraban y salían viejas chetas, paraban taxis y en la puerta vendían estuches para celulares.
Custodiando el lugar había 3 Hitlers con traje incluído. Ellos portaban gas pimienta y algunos aparatos sofisticados especiales para la tortura, acompañados de perros que sufren claustrofobia (en la foto no se ve porque los encerraron en el ascensor para ver qué pasaba).
Al querer entrar en la tienda observo que el mismísimo cantante de "Mala Gata" era demorado por dichos guardias. El afamado cantante disparó un "dejame entrar guacho".
Uno de los Hitlers se comunicó a través de su handy con alguien que jamás sabremos quién es y luego arremetieron (¡Si, los tres Hitlers!) con todo su arsenal destructivo sobre el poco robusto cuerpo del cantor. Luego de aniquilar al flacucho y limpiar los charcos de sangre procedieron a tomar sus antiguos puestos de vigilancia. Claro que esto último lo ví desde la escalera mecánica del local, ya que mi apariencia física no contrastaba demasiado con la del ahora difunto artista y por lo tanto aproveché el desorden generalizado para meterme sin que me vean.
PD: los pantalones de corderoy me quedaron divinos...

