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viernes, julio 06, 2007

El Río del Olvido (octava entrega): quinto escrito del Libro de Theodren

Tanto tiempo sin soñar. Tantas voces en la noche.
Relámpagos, explosiones.
Un amor olvidado en alguna tierra lejana, una canción de cuna que entonó mamá, un juguete viejo que reparó papá.
Todo es confuso. Noches blancas como el día. Un grito aquí. Un disparo allá. Alguien llora en un rincón de la trinchera.
No hay respiro. Soñar con un lugar mejor.

La bala entró por el tórax y escapó por el omóplato.

martes, marzo 13, 2007

El Río del Olvido (séptima entrega): cuarto escrito del libro de Theodren

"Sentado a la barra del Café anota: 'Sólo me encuentro esta noche, la gente del bar parece ignorarme, noto que el barman no tiene entidad, que los bailarines son solo sombras, que la barra ahora es de cartón y en unos segundos deberé apoyar el cuaderno sobre el regazo. El bar se ha ido, y con él se han ido los demás. En este baldío siniestro pierdo mis fuerzas. Quiero recostarme en el cesped pero noto no tener espalda. Ni espalda ni brazos, ni brazos ni piernas, ni piernas ni nada. Aún no entiendo como puedo seguir escribiendo. Solo quedan mis ojos mirando el cuaderno, cuyas hojas se llenan con mis pensamientos. Sólo me resta una cosa por hacer para apurar el final. Cierro los ojos'
Despierta sobresaltado. Precipitado hacia el baño se mira en el cristal. El espejo se limita a reflejar su ausencia."

jueves, febrero 22, 2007

El Río del Olvido (sexta entrega)

Un cesto de mimbre contiene los pequeños trozos de papel. Sobre ellos, garabateados como por un niño, se alcanzan a leer algunas cortas frases.
Una mano oscura tomará alguno de estos papeles. Con una chinche, sobre un mural de corcho, exhibirá las palabras que solo podrá leer la primer persona de la fila.
La cola de individuos llega hasta donde alcanza la vista.
Una vez leído el designio, la persona se acercará a la playa donde un anciano llamado Chango custodia un bote a remo. Entonces se cruzará el Río del Olvido hacia la costa de la vida, aquella en la que aguarda el Libro de Theodren, donde muchos años después deberá escribir.

Y así entramos...
...con nada más que un trozo de designio y una rápida visión de la charampia.

viernes, febrero 16, 2007

El Río del Olvido (quinta entrega): tercer escrito del libro de Theodren

“Las luces se encendieron. La seguridad de la noche ya no la protegía.
Estaba sola. Lejos de cualquier refugio.
El miedo la había paralizado.
Escuchó unos pasos que se acercaban lentamente.
Tal vez no la habían visto.
Se mantuvo inmóvil.
Expectante.
Los pasos se oían cada vez más cercanos. El corazón le latía con fuerza.
Había oído historias, pero nunca hubiera imaginado que la realidad sería tan aterradora.
Las pasos se detuvieron.
La habían descubierto.
Por un segundo no supo que hacer.
Pero el instinto le gritó que huyera y ella corrió.
Corrió como nunca lo había hecho en su vida.
Corrió con todas sus fuerzas. Sin mirar atrás.
Pero era inútil.
Cada vez estaban más cerca. No había forma de escapar.
Sintió que parte del cuerpo se le desprendía. Ya no podía moverse. La habían alcanzado.
Sus piernas estaban destrozadas. Los órganos desparramados por el suelo.
Intentó huir con los miembros que aún le funcionaban.
Se arrastró algunos segundos. Segundos que le parecieron eternos.
Había llegado su fin.
Trato de suplicar.
Trató de llorar.
Pero ya era tarde.
La chancleta de la dueña de casa impactó sobre su cuerpo por última vez.”

N. del A.: Si bien este relato ya fue publicado en otra vida,
debido a reiterados pedidos de los lectores
se lo ha editado nuevamente.

miércoles, enero 31, 2007

El Río del Olvido (cuarta entrega): segundo escrito del libro de Theodren

"Inmóvil. Como si fueran fantasmas se ciernen sobre el cajón. Sólo imágenes borrosas donde debía haber rostros familiares. Caminan, o tal vez flotan, en torno a esa especie de altar improvisado, cuyas blancas paredes aterciopeladas intentan hacer más placentero el supuesto viaje. Como una coraza vacía, descansa mi cuerpo, aún recordado. Siguen girando los fantasmas. Caras sin rasgos, cuerpos inmateriales, emiten sonidos que parecen risas, ¿o quizás sean llantos?, me resulta imposible distinguir unos de otros. Tal vez, después de todo, unos y otros sean lo mismo.
Puedo divisar entre los fantasmas, rostros conocidos. Personas acosadas por los espectros. Sentadas sobre tres sillas contiguas, puedo apreciarlas nítidamente. Tristes, unidas, y a la vez, nunca más separadas del resto del mundo. Los fantasmas las persiguen, les hablan, tal vez intentan confundirlas con sus lenguas bifurcadas, con sus risas que parecen llantos.
Mi mujer y mis dos hijas lloran mi desgracia, o lo que ellas creen es mi desgracia, como tres musas que ya no tienen a quien engrandecer con sus palabras, su belleza, su presencia.
Quisiera gritarles con toda la potencia de mi voz, No lloren por mí.
Los fantasmas se desvanecen y la oscuridad se hace presente. La caja de madera desciende lenta e irreversiblemente a las profundidades de este mundo.
La caja, la cárcel.
Aún puedo oír sus risas, sus llantos. Pero poco a poco se van rindiendo ante el sonido de la tierra sobre el cajón. Ya no se oye nada. Todo es silencio, aquí, en mi última morada.
Me abandoné, y entonces...comencé a soñar."

jueves, enero 25, 2007

El Río del Olvido (tercera entrega): primer escrito del Libro de Theodren

"La calle estaba desierta. Solo algunas hojas que el otoño había quitado de los árboles, cruzaban frente mí. Estaba sentado junto a un árbol de una especie que no conocía. Abrigado solo con un poncho, calentaba mi cuerpo con una botella de whisky. El tiempo pasaba lentamente.
Un pájaro se posó a mi izquierda, tan cerca que casi podía tocarlo. Creo que era un cardenal. Alcé mi mano para alcanzarlo pero ésta no se movió. Lo intenté nuevamente pero la rebeldía de mi miembro persistió. Me costaba trabajo respirar. Entonces vi una figura, la única en la calle, que avanzaba hacia mí, con paso seguro, el cuerpo erguido de quienes conocen su propósito en este mundo. Se paró frente a mí. No pude distinguir uno solo de sus rasgos. Ni siquiera pude adivinar si era hombre o mujer. Vaciló un momento y luego colocó su pie sobre mi pecho. Yo seguía sin poder mover el brazo izquierdo, el aire se negaba a entrar en mis pulmones y la presión en el pecho era más fuerte a cada instante. Luego mi corazón dejó de funcionar.
La oscura figura quitó su pie de mi inerte cuerpo. Ahora me hallaba a su lado, mirando la que había sido mi casa durante 39 años. "¿Qué ha pasado?" pregunté.
Pero no me respondió, en cambio me obligó a seguirlo por la calle desierta.
Creo que he muerto y nadie me ha llorado."

miércoles, enero 24, 2007

El Río del Olvido (segunda entrega): EL LIBRO DE THEODREN

Siempre fui un aventurero.
Un hombre libre de ideales que perseguía sueños y tesoros por el mundo. Recorrí los lugares más mágicos y también los más comunes. Los más sublimes y los más perversos. Una de estas aventuras, la última, me condujo hasta las orillas de un caudaloso río, al este de una mitológica ciudad. Me hallaba en la búsqueda de un libro. Un libro de recuerdos. EL LIBRO DE THEODREN.
Theodren fue la única persona a la que la Muerte, a lo largo de toda su eternidad, alguna vez amó. Pero Theodren, como todas las personas que amaron a la Muerte, falleció a las orillas del río del Olvido.
En su memoria, la Muerte creó un libro. Un libro mágico, forrado con las lágrimas de todas las personas que escriben en él. Estas personas escriben allí sus últimos pensamientos y recuerdos, antes de cruzar el río del Olvido.
Hasta aquí me llevaron mis aventuras. Encontré la ciudad, pero me llevó el resto de mi vida hallar el río y el libro. Cuando finalmente lo encontré, hallé junto a él, a la Muerte.
Me dijo que tomara algunos escritos y los enviara al mundo de los vivos para que los publicaran.
Con una sonrisa en el rostro, tomé algunas hojas y se las alcancé a la Muerte, quien se las dio a un espectro que volaría hasta la casa de alguna persona con los medios para publicarlos y los dejaría en la ventana.
Miré a la Muerte y le pregunté por qué hacía esto. “Es un regalo de mi parte hacia ti y a todas las personas que cruzaron alguna vez el río”, contestó.
Sonreí y le pregunté que pasaría a continuación.
Es tu turno de escribir en el LIBRO DE THEODREN, me dijo.
Y así lo hice.
Porque siempre fui un aventurero.

miércoles, enero 03, 2007

El Río del Olvido (primera entrega)

Mi ciudad limita al oeste con la nada, la oscuridad eterna. Solo un río separa ambos dominios. Ningún puente cruza el río donde se pone el sol, y la vida. Ese río es el río del Olvido. Quien cruza las aguas del Olvido ya no regresa jamás, y sus recuerdos son borrados para siempre. Sobre la orilla del río hay un libro. El libro de Theodren. Todos aquellos que van a cruzar, escriben en él sus últimos pensamientos, para que al menos éstos queden registrados.
Yo suelo pasear por las orillas del río. Me gusta mirar hacia el otro lado, donde termina la vida y la imaginación. Donde todo es misterio y muerte. Generalmente busco tardes lluviosas. Pero luego recuerdo que en las orillas del río del Olvido siempre llueve. Una lluvia que no moja el cuerpo sino el alma. Empapa nuestra más profunda sensibilidad y nos hace sentir nostálgicos e insignificantes. Esa sensación, creo, es la que empuja a las almas solitarias a cruzar el río.
Siempre me pregunté cual era la razón de mis continuos paseos por ese peligroso lugar, en donde los peores temores de soledad se apoderan de mi alma. Pienso que se trata de una continua búsqueda de aventuras, de rivales temerosos y mitológicos, que exijan el máximo a mi cuerpo y mente.
Siempre fui un aventurero y mis pasos no siguen huellas de otros pasos, ni mi mente se conforma con simples realidades. Tal vez por eso me enfrento al poder del río. Tal vez porque he nacido en una época que no me corresponde. Tal vez porque he nacido en un cuerpo equivocado. O tal vez porque nací en un mundo real y racional, cuando mi lugar estaba en la ficción.