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martes, marzo 13, 2007

El Río del Olvido (séptima entrega): cuarto escrito del libro de Theodren

"Sentado a la barra del Café anota: 'Sólo me encuentro esta noche, la gente del bar parece ignorarme, noto que el barman no tiene entidad, que los bailarines son solo sombras, que la barra ahora es de cartón y en unos segundos deberé apoyar el cuaderno sobre el regazo. El bar se ha ido, y con él se han ido los demás. En este baldío siniestro pierdo mis fuerzas. Quiero recostarme en el cesped pero noto no tener espalda. Ni espalda ni brazos, ni brazos ni piernas, ni piernas ni nada. Aún no entiendo como puedo seguir escribiendo. Solo quedan mis ojos mirando el cuaderno, cuyas hojas se llenan con mis pensamientos. Sólo me resta una cosa por hacer para apurar el final. Cierro los ojos'
Despierta sobresaltado. Precipitado hacia el baño se mira en el cristal. El espejo se limita a reflejar su ausencia."

miércoles, marzo 07, 2007

Café del Fracaso: Historia del viejo que fue jóven

El café estaba repleto, como siempre. El humo llenaba el ambiente de espesa tristeza. Junto a la barra escuchaba los relatos del viejo, tal vez el más viejo del café, el más viejo y sin dudas el más sabio. No puedo ver bien al anciano, los mozos con sus vestimentas de carceleros y las gentes arrastrando sus esperanzas se cruzan constantemente entre el anciano y yo. Pero no importa, no importa porque me dejo atrapar por su melancólica voz. Su voz eterna, su voz de sabiduría, su voz de charlatán...
"Ni bien tomé el papel, me dirigí a la canoa. El chango me llevó a la otra costa del Río del Olvido. Tuve una clara visión de la charampia, siempre imponente, siempre presente. No pude apartar mi vista de ella durante todo el cruce. Cuando llegué a la costa, una figura oscura parada junto a un pedestal esperaba a la orilla. Me tomó de la mano y dijo: 'El tiempo comienza a acabarse desde este momento'. La figura era la Muerte, y el pedestal, el legendario libro.
Caminé algunos pasos frágiles, débiles; dudando a cada instante de mi próximo movimiento. Entonces vi el Café, solitario en medio de la nada. Me acerqué a los ángeles que custodian la entrada, pero estos mi ignoraron. Cuando entré creí escuchar una risa ahogada a mis espaldas. Los guardias se burlaban de mi destino..."